arquitecturando voy: La ciudad y sus sitios
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martes, 23 de abril de 2013

Buenos Aires, cómo creció





Los criollos que se congregaron en la Plaza del Cabildo el 25 de mayo de 1810 estaban animados por vientos que soplaban fuerte desde Europa (digamos Francia). Ya dueños del poder, intentaron que su ciudad reflejara la gloria de París. Rivadavia dio una fuerte pincelada a este retrato al ponerle la fachada neoclásica a la catedral colonial. Hubo más edificios neoclásicos; La catedral anglicana, la anterior iglesia de Flores. Desde entonces Buenos Aires siguió los consejos de Winckelmann y se vistió "a la griega", las columnatas no fueron desusadas: desde la iglesia de Belgrano hasta la Facultad de Ingenieria (en su orígen Fundación Eva Perón). No tuvo otros modelos V. F. López al cantar:



"calle Esparta su virtud,

su grandeza calle Roma.

¡Silencio! que al orbe asoma

la gran capital del Sud".



Sin embargo, aunque conservó la costumbre de vestirse con órdenes griegos y aunque desasosegados poetas la comparan con Atenas y Cartago, Buenos Aires no es una ciudad clásica. En su momento, el país negó a la ciudad europea, Rosas, el gaucho, no prefería las metrópolis. Ningún modelo prestigioso estuvo detrás de San Benito de Palermo. La ciudad fue nuevamente criolla con un dejo italiano que se colaba en la arquitectura como un presagio de las futuras inmigraciones. Para este Buenos Aires "federal" no hay visita posible.







Fuente: Rafael E. J. Iglesia | Mario Sabugo. La ciudad y sus sitios: artículos publicados en Diario Clarín entre 1981-1985-1a ed. Buenos Aires: Nobuko, 2006.22p.

jueves, 14 de marzo de 2013

Buenos Aires, cómo nació.


La ciudad nació como de la Santísima Trinidad, gracias a la obstinación de un esforzado capitán español que concretó la desafortunada obstinación de otro español, más noble pero menos fuerte. Nació española, con traza regida por las Leyes de Indias y llena de recuerdos del horrible fracaso de Pedro de Mendoza y de esperanzas basadas en el "abrir puertas a la tierra".

Su geneología se remonta a las ciudades de conquista con que los cristianos consolidaban el terreno conquistado a los moros. A sus vez, estas ciudades guardaban en su traza el recuerdo de las ciudades (o de los campamentos militares) romanas y la racionalidad ortogonal de Hipodamos inauguró en Mileto. El fuerte carácter de las ciudades españolas se diluyó en esta aldea de adobe y paja, sin piedra ni ladrillos.

La ciudad que vieron los ingleses, primero como conquistadores, luego como efímeros gobernantes y al fín como derrotados invasores, aún era una aldea, aunque ya el ladrillo y la teja eran materiales predominantes. Sus casas se levantaban a fil ode vereda, encajonado en sus perspectivas a las calles. Una Plaza Myor, un Cabildo, un Fuerte, y muchas iglesias. Lo que queda (previo renacimiento) del Cabildo, el interior de la Catedral, las iglesias del Pilar, de San Francisco, de Santo Domingo, de San Ignacio y de la Merced, recuerdan a esa ciudad hispánica (o hispanocriolla) cuya arquitectura fue italiana de clara filiación manierista. También la recuerdan, a su manera, edificios del siglo XX que celebran lo español: la casa de Ricardo Rojas (Arq. Angel Guido), el Museo Isacc Fernández Blanco (Arq. Martín Noel), la casa de Rodríguez Larreta en Belgrano y el nuevo Centro Cultural de la ciudad (Arqtos. Bedel, Benedit,Testa).

Salvo su trama, esta ciudad colonial es invisitable. Llore el porteño que añora la Colonia, casi nada de ella queda en nuestro entorno ciudadano.





Fuente: Rafael E. J. Iglesia | Mario Sabugo. La ciudad y sus sitios: artículos publicados en Diario Clarín entre 1981-1985-1a ed. Buenos Aires: Nobuko, 2006.21p.
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